«Vendo, pero me llevo la mitad»
Cada pedido que entra por un marketplace deja una comisión por el camino. Monto tu propia tienda: mismo producto, mismo cliente, y nadie en medio quedándose un porcentaje.
Tu tienda, con tus precios y tus clientes.
Monto la tienda, las reservas o la herramienta que le falta a tu negocio, y te enseño a llevarla.
Cuidas cada pieza, eliges los materiales, atiendes a quien entra por la puerta. Y luego tu negocio funciona a base de un perfil de Instagram, una libreta y algo que montó un primo hace seis años y ya nadie toca.
No es que te falte oficio. Te falta el sitio donde enseñar lo que haces y las herramientas que te quiten de encima lo que ahora haces a mano.
Cada negocio se atasca por un sitio distinto. Estos son los tres que me encuentro casi siempre.
Cada pedido que entra por un marketplace deja una comisión por el camino. Monto tu propia tienda: mismo producto, mismo cliente, y nadie en medio quedándose un porcentaje.
Tu tienda, con tus precios y tus clientes.
Existes en Instagram y en el boca a boca, y ahí se acaba. Te monto el escaparate donde la gente te encuentra, entiende qué haces y sabe cómo llegar hasta ti.
Que te encuentren en Google cuando buscan lo tuyo en tu zona.
Copiar pedidos a mano, llevar el stock en una libreta, responder siempre lo mismo por WhatsApp. Te monto la herramienta que lo hace por ti, con IA cuando toca, y recuperas la tarde.
Pedidos, stock y presupuestos en un panel hecho para tu taller.
Proyectos de muestra: negocios inventados, trabajo real. Los uso para enseñar cómo resuelvo cada tipo de encargo mientras no puedo publicar los de clientes.
Piezas únicas, sin dos iguales. La tienda tenía que dejar claro que lo que compras es exactamente lo que ves en la foto.
Stock por pieza única, no por tallasNo vende por internet: vende reservando. Solo hacía falta enseñar qué hay hoy y dejar apartar el pan antes de las ocho.
Encargos por WhatsApp, sin carritoCada encargo iba en una libreta y en la cabeza. Un panel donde entra el pedido, se ve en qué punto está y avisa al cliente cuando toca.
Panel de encargos, sin libreta ni hojas de cálculoA un negocio pequeño siempre le toca la plantilla. Mereces herramientas a medida para alzar el vuelo.
Por eso existe Alzo.
Soy ingeniero de software desde 2014. Hoy trabajo en Okta, una de las mayores empresas mundiales en ciberseguridad, en el equipo que gestiona las claves de cifrado de la plataforma. Antes estuve en trivago, METRO y Personio.
Alzo es lo que hago en paralelo, y lo hago porque me molesta una cosa: a los negocios pequeños siempre les toca la plantilla. Nadie les ofrece el mismo cuidado técnico que a una empresa grande.
No soy una agencia. Trabajas conmigo de principio a fin, así que sabes siempre a quién preguntar. Estoy en Mallorca, aunque trabajo con quien haga falta esté donde esté.
Y todavía hoy construyo la infraestructura de seguridad de una plataforma por la que pasan miles de millones de operaciones al mes.
Mi trabajo diario es criptografía y seguridad. Cuando montemos lo tuyo, los datos de tu negocio y los pagos de tus clientes van a estar tratados con el mismo cuidado que los de una empresa que no se puede permitir un susto.
Esto es un proyecto normal, de principio a fin. Sabes desde el primer día lo que cuesta y cuándo lo tienes funcionando.
Después: un mes de ajustes incluido. A partir de ahí lo llevas tú, y si algún día quieres algo nuevo, volvemos a empezar por arriba.
Prefiero decírtelo antes de que pierdas una tarde escribiéndome.
No publico tarifas por producto porque cada encargo es distinto. Lo que sí publico es dónde empieza la cosa, para que sepas si encajamos antes de que ninguno de los dos pierda una tarde.
Estoy montando mi cartera, así que los tres primeros proyectos de 2026 llevan descuento a cambio de poder enseñarlos aquí.
Diseño a medida, textos escritos y revisados, velocidad cuidada, formación para que lo lleves tú, y un mes de ajustes después de publicar.
El dominio y el alojamiento, que van a tu nombre y se pagan a su proveedor. Y las fotos, si hace falta contratar a alguien para hacerlas.
Mitad al empezar y mitad al publicar. Si el proyecto es de los grandes, lo partimos en tres. Factura siempre.
Alojamiento, copias de seguridad, actualizaciones, certificados y los cambios pequeños que vayan surgiendo. Todo eso existe lo contrates o no; la diferencia es si lo llevas tú o lo llevo yo.
Se contrata cuando quieras y se cancela cuando quieras. Si prefieres ocuparte tú, lo que montamos funciona igual sin pagar un euro más.
Casi nunca. Muchas veces se arregla lo que hay y sale bastante más barato. Lo miro antes de proponerte nada y te digo la verdad, aunque me convenga lo contrario.
Tuyo. El dominio va a tu nombre, lo que montemos está en tu cuenta y los accesos son tuyos. Si mañana quieres irte con otra persona, te vas con todo.
Tú, para el día a día: precios, fotos, productos nuevos. Para eso está la formación del final. Si prefieres no tocar nada, tengo la cuota mensual, pero no es obligatoria ni te la voy a colar en el presupuesto.
No, es lo normal. Tú sabes de lo tuyo y yo de lo mío. En ningún momento vas a necesitar entender cómo está hecho por dentro para poder usarlo.
Fotos de tu producto o de tu taller, y un rato para contarme cómo trabajas. Los textos los escribo yo y tú los corriges. Es la parte donde más gente se atasca, así que no te la dejo a ti.
Una automatización pequeña, un par de semanas. Un escaparate, entre dos y tres. Una herramienta a medida para tu día a día, entre tres y cuatro. Una tienda completa, entre cuatro y cinco. Lo que más retrasa un proyecto son las fotos y los textos, no el código.
Cuéntame qué haces y qué te gustaría poder hacer. Te respondo yo, normalmente el mismo día.